Por Marcela Bagnara, Directora de Fundación Excepcionales
Desde que nació mi hijo, hace ya 13 años, me ha tocado oír diferentes y múltiples definiciones y comentarios sobre su condición, el síndrome de Down. Para muchos son angelitos, para otros una bendición de Dios, o un mal, una enfermedad, una compañía para la vida, una prueba, un desafío, y tantas otras más, que no siempre como padres compartimos, pero que son parte de nuestras vidas.
Hace unos días conversando con un joven con síndrome de Down, le pregunte qué es el síndrome de Down? a lo que me responde con mucha seguridad y convicción “Es lo mejor de la creación”.
Era lo que me faltaba oír. Y me puse a pensar.
Desde que nacen, la vida les es, en la mayoría de los casos, muy adversa. Mientras tantos otros hijos son esperados, queridos y regaloneados por sus padres y familia, para ellos los múltiples especialistas son parte de su corta vida. A los pocos días son miles los exámenes, consultas, operaciones y especialistas por los que han pasado, y ellos aceptando todo pacientemente sin entender el porqué. Kinesióloga para que camine, fonoaudióloga para que hable, educadora para que aprenda. Exigencias y mas exigencias!!
De mis pensamientos concluyo que nuestros hijos son un ejemplo de valentía, humildad, perseverancia, empeño, buen humor, alegría, optimismo y tantas otras virtudes que muchos adultos quisiéramos tener.
Miré al joven amigo de mi hijo y le digo: ¡¡ Te compro tu definición, eres lo mejor de la creación!!