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Columnas de Opinión

Mi Consigna personal: Inclusión escolar plena hasta completar la educación secundaria

Felipe Domínguez Benítez

29/09/2009

A menudo se oyen “voces expertas” que promueven una integración escolar de los niños y niñas con Síndrome de Down, solo hasta completar la educación básica. Incluso algunas instituciones escolares garantizan la permanencia del alumno con SD hasta cuarto básico solamente, otras simplemente no los aceptan.

Por otro lado, instituciones especializadas tienden a crear talleres de distinta naturaleza como sustituto de la educación formal, para que los niños y jóvenes con SD puedan ocupar su tiempo y compartir con sus pares con SD en instancias formativas, de aprendizaje o simplemente de entretención y diversión.

Otros hablan del sufrimiento de nuestros hijos con SD cuando ven que las brechas de aprendizaje y desarrollo respecto de sus pares “normales”, se van ampliando con el pasar de los años y las perciben como irremontables e inalcanzables.

¿Para qué lo vamos a hacer sufrir llevándolo al colegio?...si no aprende nada…si nunca va a ser ingeniero…¿Para qué lo torturamos con las matemáticas?.... ¿qué tiene que hacer en clases de Física o de Ingles?.... mejor que vaya a un taller y aprenda algún oficio….

El primer elemento común que hay detrás de estas posturas, aunque provienen de diferentes personas, instituciones y corrientes de pensamiento respecto del camino de desarrollo de una persona con SD, es la desesperanza; la falta de confianza en el potencial de desarrollo que esa persona con SD tiene. Esta desesperanza suele disfrazarse y generalmente se presenta encubierta bajo un manto de racionalidad y practicidad.

Un segundo elemento tiene que ver con la falta de perseverancia. Tanto para las instituciones escolares como para la familia y quienes rodean a la persona con SD, resulta un desafío constante el mantener un ambiente de grata y efectiva inclusión, diariamente. El niño o el joven con SD no siempre responde a los estímulos entregados, de acuerdo a las expectativas. En esta materia, las personas en general, los padres, los profesores y los directivos de las instituciones escolares, tendemos a tomar decisiones que nos facilitan nuestras vidas, más que favorecer el bienestar y desarrollo del niño con SD.

Es que la inclusión de un niño con SD en un ambiente escolar normal (y en la sala de clases), va mucho más allá de lo meramente cognitivo. Allí aprenden de la vida, a relacionarse con los demás. Allí son desafiados a diario y van forjando su carácter. Allí saben de alegrías y penas, de éxitos y fracasos, de gratificaciones y sufrimientos. Allí desarrollan sus habilidades sociales y aprenden a obedecer, a defenderse, a dar su opinión. Allí aprenden de la amistad, del afecto, de la solidaridad, de la caridad. Allí tienen la oportunidad de desarrollar su espíritu y fortalecer sus creencias. Allí también aprenden y adquieren conocimientos que serán de gran importancia en su vida y en su autonomía…..cada quien de acuerdo a sus propias capacidades.

¿Es posible reemplazar o recrear todas esas vivencias y experiencias en otro entorno?

La inclusión de un niño con SD en un ambiente escolar normal es como la leche materna para un lactante. A mayor tiempo de lactancia, mejor salud y mejores expectativas de crecer sanos. No privemos a nuestros hijos con SD de ese nutriente vital, que es la oportunidad de crecer en un ambiente de plena inclusión, ni se los quitemos antes de tiempo. Ellos deben permanecer en ese entorno hasta el último día y graduarse con sus pares.

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